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Monday 14 de June de 2010, 20:22:55
GR92 - ETAPA 8: DE BEGUR A PALAMOS
Tipo de Entrada: RELATO | 3721 visitas

Octava etapa del GR92, desde el pueblo de Begur hasta Palamós, con un recorrido total de 23,1 kilómetros, transcurre en buena parte siguiendo la línea de la costa, pasando por los pueblos de Tamariu, Llafranc y Calella de Palafrugell, y accediendo a multitud de calas muy tranquilas, en esta etapa podemos apreciar la esencia de la Costa Brava en su totalidad, ya que recorre desde típicos rincones de pescadores hasta impresionantes acantilados, las vistas son sencillamente excepcionales.

Esta octava etapa del GR92 diría que es una de las más espectaculares e interesantes de las que llevamos recorridas hasta ahora, ya que pasa por múltiples calas y recorre durante buena parte los “caminos de ronda” de la Costa Brava, que nos permiten tener unas vistas increíbles desde lo alto del camino. También va a ser la más larga, con 23,1 kilómetros, que junto con las continuas subidas y bajadas a todos los rincones del recorrido hará que las piernas se resientan al final de la etapa. Nuevamente voy con Marta a seguir recorriendo un trozo más de este proyecto que hemos comenzado los dos.

Como nuevamente tendremos que movernos con el transporte público, dejamos el coche en nuestro final de etapa, en Palamós, y desde allí cogemos el autobús de la Sarfa que en unos 20 minutos nos deja en la parada de Begur. La anterior etapa había acabado en los alto de este pueblo, por lo que nada más salir el camino comienza a descender, enseguida salimos del pueblo. Los primeros minutos transcurren yendo por la cuneta de la carretera que llevaría hasta Palafrugell, por el lado derecho en el sentido de la bajada, aunque en un principio las señales son bastantes escasas. Muy a los lejos podemos ver todavía el macizo del Canigó con un nevazo bastante considerable, fruto de las continuas nevadas que ha habido estos últimos días.

Tras unos 15 minutos el camino por fin se desvía por una pequeña pista de tierra hacia la izquierda y continúa descendiendo entre árboles, de repente el silencio invade esta zona, no se escucha ni una mosca, parece como si el sonido no pudiera llegar hasta aquí, es una sensación extraña… Tras caminar unos minutos más acabamos saliendo a la parte alta de una urbanización, donde se ven casas de esas que ni con 4 vidas enteras podríamos pagar la mayoría de los mortales, se nota que el dinero corre por esta zona! Tenemos una buena panorámica lejana de la costa, no me extraña que estén situadas en esta ubicación tan genial. Enseguida salimos de la urbanización por un camino de tierra. De repente nos encontramos con un montón de árboles que han caído sobre el camino, la atípica nevada que azotó la zona ha hecho que una buena parte de los árboles estén caídos o con las ramas partidas, el que se cruza en nuestro camino es tan grande que nos obliga a pasar por medio de un sembrado para poder esquivarlo, espero que en breve puedan arreglar la zona, es una lástima ver como ha quedado el bosque tras este temporal, costará años reconstruir todo esto.

Salimos del camino de tierra y llegamos a una pista mucho más ancha apta para coches, que continúa descendiendo. Más adelante se transforma en asfalto y se convierte en una de las entradas al pueblo de Tamariu, al que llegamos enseguida y salimos a su playa, situada en un enclave magnífico, ya comienza a haber gente en la playa aunque ni punto de comparación a lo que llega a haber en verano cuando esté todo abarrotado de turistas. El tiempo de momento va a ratos con sol y a ratos nublado, lo cual hace que la temperatura sea bastante agradable. Aprovechamos la tranquilidad de la playa de Tamariu para descansar un poco y comernos el bocata que llevamos. Por fin, desde que abandonamos el pueblo de L’Escala, volvemos a estar al lado del mar, tras la incursión por el macizo del Montgrí.

Tras comer continuamos el camino, el cual pasa justo al lado del mar, tan cerca que incluso las olas nos salpican, ya que va por las rocas donde rompen las olas muy cerca del agua. En pocos minutos hemos de atravesar una gran zona rocosa, pensaba que el camino seguiría resiguiendo la línea de la costa pero ahora comienza a ganar altura entre los árboles para seguir un poco hacia el interior, lástima porque el camino por el otro lado parecía más interesante, pero más adelante supimos el motivo de porque tiraba hacia arriba, y es que había un profundo barranco que se adentraba y no había camino posible de haber continuado siguiendo la cosa. Cuando llegamos a cierta altura, el camino comienza a descender de nuevo por una empinada ladera, pero siempre protegido por barandillas de madera, es una bajada muy curiosa, parece mentira que hayan podido abrir un camino en tan corto espacio y con tanta inclinación de la roca.

Al llegar abajo llegamos a uno de esos lugares en los que si no llegas a pie nunca sabrás que existen: Cala Pedrosa. Como su nombre indica está todo lleno de piedras pero creo que es una de las mejores calas que he visto por el entorno tan fantástico que tiene. Y como no, el chiringuito de playa no podía faltar, aunque supongo que para abastecerse lo traerán todo por mar, ya que a pie hay un buen trozo. Ahora el camino me mete hacia el interior pasando por un pasillo lleno de flores, que contrasta mucho con la cercanía del mar. El sendero comienza a ganar altura sin parar por el fondo del barranco. Unos 100 metros después de dejar Cala Pedrosa, te da la sensación de estar metido en una tupida montaña llena de vegetación, parece mentira que el mar esté tan cerca viendo este paisaje, por un momento me recuerda algunos rincones del Montseny, con la diferencia de tener la costa a tan poca distancia.

Tras una prolongada subida llegamos a una pista que seguimos hacia la izquierda, subiendo un poco más todavía, el paisaje cambia completamente y se abre mucho más, ya que toda la subida desde Cala Pedrosa transcurre por un denso bosque, por un camino muy bien marcado y que de vez en cuando tiene barandillas de madera para mayor seguridad. En cuestión de pocos minutos, en los que seguimos ganando altura de forma paulatina, llegamos a un pequeño mirador, situado en el Salto de Romaboia, un impresionante acantilado a 160 metros de altura que nos permite contemplar el Puig de San Sebastián justo enfrente nuestro, y el mar rompiendo en las olas muchos metros por debajo de nosotros, desde que comenzamos el GR92 diría que éste es el mayor acantilado que hemos encontrado, la verdad es que impresiona el desnivel que tiene tan cerca del mar.

Enseguida llegamos a San Sebastián, situado en lo alto de este promontorio. Allí hay unas ruinas de un antigüo poblado ibérico con sus correspondientes explicaciones de la historia que tienen. También encontraremos un restaurante (que parecía bastante selecto) y una pequeña ermita a la que no pudimos acceder por encontrarse cerrada. Unos metros más allá se encuentra un faro que diría que todavía se encuentra en funcionamiento, aunque al ser de día no pude comprobarlo. Aprovechamos para descansar un poco allí arriba y maravillarnos con las increíbles vistas que teníamos en todas direcciones, e incluso nos metimos dentro del recinto para chafardear un poco todo aquello…

El sendero del GR continúa en la misma dirección, justo nada más dejar San Sebastián hay un mirador hacia el otro lado que nos permite avistar desde arriba toda la cala del pueblo de Llafranc, al cual nos dirigiremos enseguida. Desde este mirador podemos intuir todo el camino que todavía nos queda por delante. Comenzamos el descenso siguiendo la carretera que baja hasta el pueblo, y que atraviesa toda una urbanización, tiene que ser todo un privilegio poder tener aquí una casa con estas vistas tan espectaculares. La carretera baja serpenteando entre las casas, y en pocos minutos llegamos a uno de los extremos de la cala de Llafranc, la cual recorremos por su paseo marítimo, todo lleno de restaurantes y tiendas de recuerdos como la mayoría de poblaciones de la Costa Brava. Aprovechamos para rellenar las cantimploras que ya comienzan a estar escasas de agua y salimos por el otro extremo de la población, donde hay un montón de escaleras para salir de allí y encontrar de nuevo el camino de Ronda, ahora volvemos a tener otra vista de la población pero desde la parte opuesta. El tramo de sendero a partir de ahora está mucho más cuidado hasta la cercana población de Calella de Palafrugell, ya que se encuentra muy bien acondicionado, aquí el tránsito de personas es mucho mayor ya que estos tramos acondicionados precisamente se hicieron para que todos los turistas tuvieran la posibilidad de pasear por estos rincones con cualquier tipo de indumentaria, a nosotros a veces nos da la sensación de estar fuera de lugar, ya que nuestras botas de montaña, mochila y bastones se mezclan con los bañadores y bikinis de la gente que hay en la playa.

En poco tiempo llegamos a Calella de Palafrugell, pueblo muy conocido por su popular canto de Habaneras, y que todavía guarda una buena parte de su encanto, sobretodo en su fachada litoral, es un lugar muy pintoresco que en algunos tramos me recuerda al pueblo de Cadaqués, que ya visitamos en la tercera etapa del GR92. Pasamos por debajo de las arcadas que hay justo al lado de la playa y seguimos siempre en primera línea de mar siguiendo el perfil de la costa.

El sendero entra ahora en un tramo muy interesante por la continua variedad de paisajes que tenemos, siempre justo al lado del mar, lo que hace que en varias ocasiones tengamos que estar constantemente subiendo y bajando escaleras y rampas para poder ir rodeando las innumerables calas que se atraviesan. El algunos tramos han tenido el detalle de excavar túneles en la roca en vez de efectuar dichos rodeos, es curioso atravesar estos túneles tan cerca del mar, hace el camino mucho más entretenido. Al cabo de unos minutos el camino asciende hacia la derecha por unas escaleras y se comienza a alejar de la costa para ir ganando altura de una forma considerable de nuevo, en vez de ir junto al mar ahora atraviesa la urbanización el Golfet, es una pena ya que desde que salimos de Tamariu el camino siempre ha ido muy cerca del mar y nos ha permitido ir recorriendo un montón de bellos rincones y calas diminutas, el hecho de volver a tener asfalto bajo nuestros pies no nos convence nada.

Al salir de la urbanización llegamos a un cruce en el que hemos de seguir rectos, hay un desvío hacia el jardín botánico de Cap Roig, me comentaron que es precioso para visitarlo, pero ahora nuestro objetivo es otro, lo dejaremos para mejor ocasión, cuando vuelva por la zona en plan turista. El camino continúa subiendo aunque ahora más alejado del mar, el cual se intuye al fondo, ahora el GR transcurre por una pista de tierra, primero más ancha y luego más estrecha, y que al cabo de un tiempo nos llevará al punto culminante de esta zona montañosa, en un mirador situado en Puig del Terme, desde donde ya se puede ver en la lejanía el pueblo de Palamós, nuestro final de etapa. Tras llegar a los 139 metros de altura ahora el camino desciende por la otra parte hacia la cala del Castell, siempre por tramos de pista, para volver de nuevo al  nivel del mar. Cala Castell da la impresión de ser una de esas playas que todavía no han sido totalmente explotadas a nivel turístico, si no fuera por las pocas personas que a esta hora de la tarde todavía quedan por aquí incluso podría dar la sensación de estar en una playa perdida y desierta.

El sendero continúa, ahora de nuevo junto al mar, en uno de los extremos de esta playa, para en cuestión de pocos minutos llegar a la Cala S’Alguer, donde pueden verse todavía las viejas barcas de pesca y las casetas de los pescadores, vemos algunos de ellos ajetreados intentando colocar bien una de las barcas. El sol ya ha comenzado a bajar y nos permite caminar mucho mejor al  no tener que soportar tanto calor, lo bueno de estos tramos en que en todo momento tienes la posibilidad de darte un buen chapuzón, sobretodo en los meses de verano con un calor asfixiante.

Tras pasar por las ruinas del castillo de Sant Esteve, llegamos a la playa de La Fosca, mucho más grande de las que hemos venido viendo hasta ahora, aquí se respira mucha tranquilidad ya que al haberse escondido el sol casi no queda nadie en la playa. Atravesamos todo el paseo que hay junto a la playa para subir por el otro extremo, pensábamos que ya habían acabado las subidas y bajadas pero nos queda todavía esta última, que precisamente no es de las pequeñas y después de tantas horas de caminata cualquier metro de desnivel lo notamos en nuestras piernas. Llegamos arriba del todo, en Cap Gros, para tener una última vista general de la zona, y comenzamos el descenso, ya bastante definitivo, hacia el mar de nuevo.

Al llegar a las inmediaciones de un camping, encontramos que las señales no están muy bien definidas, e incluso parecen que vayan en la dirección contraria a la que hemos de seguir. Con muchas dudas las seguimos y nos encontramos que primero van a parar a Cala Margarida, para luego recorrer una especie de callejones que atraviesan al conjunto de casas que hay. Por unos momentos da la impresión de estar colándonos donde no debemos, resulta totalmente sorprendente comprobar que las señales pasan por ahí en medio, aunque resulta muy curioso también. Lo malo es que al salir nos damos cuenta que hemos vuelto al mismo punto de partida, cerca del camping, hemos dado una vuelta totalmente circular! Totalmente extrañados, decidimos hacer el recorrido de nuevo, pero esta vez conseguimos ver por donde sigue el camino, subiendo unas rocas al lado del mar. Por lo visto había una antigüa señalización que no había sido bien borrada del todo y nos hizo confundir, la nueva señalización ya se ve que tiene unos colores más vivos.

Ahora ya vemos Palamós mucho más cerca, el GR de nuevo vuelve al asfalto para entrar en la población, primero pasamos cerca del puerto deportivo, ahora las señales están colocadas en diversas farolas a modo de pegatinas, en la mayoría de tramos urbanos viene señalizado así, hay que estar un poco atentos con el camino a seguir. Enseguida llegamos al núcleo urbano, que atravesamos por una de sus calles para ir a parar al largo paseo marítimo, aunque tras recorrerlo unos pocos metros giramos hacia la derecha para ir a buscar nuestro coche que hemos dejado aparcado cerca de la parada de autobús.

La de hoy creo que ha sido la etapa más interesante de todas las que llevamos realizadas hasta ahora, y aunque también ha sido la más larga, para nada se ha hecho aburrida, al contrario, hemos disfrutado un montón viendo muchísimos rincones de la Costa Brava en este tramo, creo que cuando acaben las etapas de esta zona las vamos a echar mucho de menos, pero todavía nos queda mucho camino por recorrer y muchas cosas por ver, de momento ya estamos deseando de encontrar otro día para seguir con la próxima etapa…



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