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 HACHA HACHA
Tuesday 13 de March de 2012, 13:34:47

Tipo de Entrada: RELATO | 1 Comentarios | 15195 visitas

Ascensión al pico Robiñera de 3.003 metros de altitud saliendo desde los llanos de Pietramula donde acampamos la noche anterior, al cual se accede a través de la pista forestal que sale del pueblo de Chisagüés, tuvimos que dejar el coche 2 kilómetros antes del final de la pista debido a la acumulación de nieve que había. Nos sorprendió la poca nieve que había para la época en la que estábamos, no me extraña que digan que este invierno está siendo tan seco... El día fue estupendo y todo salió bien, excepto la sorpresa que nos llevamos a la bajada...

Hacía tiempo que no subía por los Pirineos a hacer alguna pateada, así que tras mirar la previsión del tiempo y las condiciones de las diferentes zonas, optamos por subir un pico no demasiado difícil, por lo que decidimos ir en esta ocasión al Robiñera.

Tras haber hecho por la mañana la ferrata de la Foradada del Toscar, con el coche nos dirigimos en dirección al túnel de Bielsa, pero antes de llegar a éste a mano izquierda cogemos el desvío hasta el pueblo de Chisagüés, y tras cruzar el pueblo, sale una pista de tierra que comienza a remontar el valle al lado del río Real. La verdad es que la encontramos en bastantes buenas condiciones, lo malo es que un par de kilómetros antes de llegar al llano de Pietramula el grosor de la nieve no nos permite continuar, así que  no nos queda más remedio que dejar el coche sobre los 1.700 metros de altura y cargar con todos los trastos.

Nuevamente me acompaña en esta salida Esteban “el Lute”, mi compañero habitual en las salidas invernales. Dicho y hecho, dejamos el coche y comenzamos a caminar por la pista que poco a poco va ganando altura hasta llegar al llano de Pietramula, son las 4 de la tarde y el sol hoy está picando bastante fuerte, a pesar de ser invierno tenemos que subir solamente con la camiseta.

Tras 2 kilómetros de pista y 200 metros de desnivel de subida, llegamos al llano de Pietramula. Como la idea es hacer noche plantando la tienda para al día siguiente levantarnos e irnos directamente a la cima, y como todavía queda algo de tiempo hasta que no sea de noche, debatimos sobre si quedarnos ya aquí para acampar, o si continuar subiendo algo más para así al día siguiente tener menos desnivel a salvar hasta la cima. Como no acabamos de ver claro que más adelante tengamos un buen terreno para montar la tienda ya que no conocemos la zona, optamos por montar la tienda finalmente en la amplia explanada de Pietramula, que aunque está casi totalmente cubierta de nieve, encontramos un pequeño hueco libre de ella para montar el chiringuito.

Como todavía tenemos un par de horas de luz por delante, decidimos recorrer un poco el camino de mañana para reconocer el terreno que tendremos por delante, caminando solamente unos 15 minutos. La primera impresión que nos llevamos es la escasa nieve que hay en la ruta para las fechas en las que estamos, en pleno mes de Febrero. Llegamos a un punto desde el que ya podemos ver la pirámide sur del Robiñera, y vemos que está prácticamente libre de nieve hasta arriba.

Tras volver a la tienda, preparamos los sacos y comenzamos a hacer la cena, a medida que el sol se esconde la temperatura comienza a caer en picado y siempre se agradece comer algo caliente, como siempre una buena lata de cocido madrileño nos pondrá a tono en la noche…

Ya es completamente de noche, así que nos metemos en los sacos de plumas y a las 9 de la noche ya estamos durmiendo. No hay nadie más en la zona ni tampoco hemos visto ningún otro coche por la pista, por lo que es muy posible que mañana estemos completamente solos.

A las 5.30 suena el despertador y con mucha pereza salimos de los sacos para desayunar un poco y recoger los trastos, hay bastantes estrellas en el cielo por lo que el día parece que ser portará bien, y además no hay nada de viento, las condiciones parecen óptimas, tenemos todo el día por delante y la ruta no es demasiado larga.

Para aligerar peso, escondemos la tienda y otras cosas que no vamos a necesitar en la subida entre unas rocas, lo tapamos todo con piedras y a las 7 de la mañana ya estamos preparados para comenzar la subida, todavía de noche.

Con los frontales encendidos, comenzamos a caminar en dirección hacia los lagos de la Munia, hay un cartel indicador. Como tenemos la huella abierta del día anterior en el primer tramo, progresamos rápidamente ya que además el terreno va subiendo de una forma muy suave en los primeros momentos. Al cabo de media hora el cielo comienza a clarear y vemos que efectivamente no hay ni una sola nube, parece que el día va a ser caluroso.

Prácticamente podemos ir evitando todos los tramos con nieve y poco a poco vamos ganando altura por la parte izquierda del barranco del Clot de los Gabachos. Todavía estamos sorprendidos de la poca nieve que estamos encontrando, como no caiga una buena nevada en los próximos días creo que en pocas semanas ya casi no quedará nada como siga haciendo este calor…

Lo mejor de todo, como siempre, es la sensación de estar allí metido, alejado de toda civilización, sin ver nada, ni pueblos, ni carreteras, ni coches, ni construcciones… nada de nada, solamente montañas y más montañas. Aunque vemos que a cierta distancia de nosotros viene una persona sola y que poco a poco nos va recortando distancias.

Por un momento la nieve se vuelve más continua, pero se puede pisar bien sin necesidad de ponerse los crampones, aunque siempre preferimos intentar evitarla porque en algunos tramos todavía está dura y por tanto resbaladiza. El camino no tiene pérdida posible ya que se trata de ir ganando altura en dirección hacia el Robiñera, que se ve siempre presente al final.

Al cabo de un rato el hombre que venía detrás nuestra nos acaba alcanzando ya que su ritmo era bastante superior al nuestro e iba mucho más ligero de peso, comenzamos a conversar con dicha persona e inicialmente lo vimos muy enrollado (luego explicaré porque he puesto “inicialmente”), nos comentó que había venido solo, tenía su coche aparcado junto al nuestro y que había dormido allí por la noche, y conocía muy bien la zona ya que había subido en otras ocasiones. Le preguntamos como podría estar la cresta cimera y nos dijo que muy bien, que se podía atravesar muy fácilmente sin complicaciones, incluso nos llegó a recomendar que podíamos dejar parte de nuestro equipo allí mismo ya que no nos haría falta, puesto que llevábamos el caso, arnés, cuerda, mosquetones, etc. por si hubiera sido necesario. Nos dijo que hoy no vendría nadie más posiblemente y que era un buen sitio para dejar el material sobrante, sobre los 2.400 metros de altura, así que dicho y hecho aligeramos nuestras mochilas y la verdad es que íbamos mucho mejor llevando solo lo justo y necesario.

Continuamos subiendo mientras seguíamos hablando los tres, pero al final decidimos que como nuestro ritmo era más lento, no queríamos ser ningún lastre así que le dijimos que si quería podía continuar y luego nos veríamos más adelante, y así lo hizo. En un momento llegamos al collado de las Puertas, aunque el camino que sube hacia la cima no llega hasta el mismo collado, sino que antes se coge el camino que lleva directamente a la cima del Robiñera, se veía algo de huella abierta de alguien que había estado en días anteriores.

Tras cruzar cerca del collado de las Puertas, aquí si que optamos por ponernos los crampones ya que la nieve estaba dura y así caminaríamos más seguros, lo malo es que al llegar al inicio de la pedrera de la cara sur nos los tuvimos que volver a quitar ya que la nieve desaparece por completo y delante nuestro solo tenemos un inmenso pedregal con 400 metros de desnivel, toda una tortura para nuestros cuerpos porque se hacía incomodísimo de subir, hubiera preferido que estuviera nevado para ir trazando “zetas”, pero con tanta piedra dabas un paso hacia delante y otro hacia atrás, había momentos en que era desesperante, parecía que nunca llegábamos arriba y por más que mirábamos nos daba la impresión que no progresábamos, tenía que ir mirando el altímetro cada poco tiempo para animarme un poco viendo como ganábamos metros…

Pero por fin tras mucho esfuerzo llegamos a la parte superior de la pedrera, a casi 3.000 metros de altura. Allí volvimos a coincidir con el hombre de antes, que ya había hecho la cima y comenzaba el descenso. Estuvimos charlando otro rato más y nos estuvo explicando que él ya había hecho todos los tresmiles del Pirineo, algunos cuatromiles en Alpes, escaladas, ferratas… en fin, que tenía un currículum montañero bastante impresionante. Nos estuvo explicando las cimas que veíamos desde allí y nos comentó que la cresta hacia el Robiñera se podía hacer sin ningún problema. Tras darle las gracias por todas sus explicaciones y consejos, nos pusimos de nuevos los crampones y nos abrigamos bien, ya que hasta ahora nos había ido dando fuerte el sol y no soplaba nada de viento, pero nada más pisar la cresta el viento era bastante fuerte y hacía frío. Nos despedimos de aquel hombre ya que él comenzaba a descender y a nosotros todavía nos quedaba la cima por hacer.

Efectivamente la cresta hacia la cima final se hacía muy bien con crampones, pero igualmente impresionaba el patio que había a cada lado, un resbalón suponía irte unos cuantos cientos de metros para abajo, y el viento a veces nos daba pequeños sustos con ráfagas un poco fuertes que te hacían desequilibrar justo en medio de la cresta, aunque a decir verdad creo que fue la parte de la salida que más me gustó, aquello era ambiente invernal en su estado más puro.

La cresta son unos 200 metros solamente, por lo que en pocos minutos nos plantamos en la cima del Robiñera, a 3.003 metros de altura. Como siempre el subidón que te da te compensa todo el esfuerzo que haces para llegar hasta allí, son momentos de esos que se te quedan grabados para siempre. Las vistas desde la cima eran infinitas hacia cualquier parte, con el macizo de la Munia en primer término y la cara norte del Monte Perdido en todo su esplendor (algún día la haré, queda pendiente).

Tras hacernos las fotos de rigor entre Esteban y yo, y con alguna que otra canción improvisada por parte del Lute allí en la cima, deshacemos de nuevo la cresta para comenzar el regreso. Lástima del fuerte viento que hacía en la cima, daban ganas de quedarse un buen rato allí arriba. Al finalizar la cresta, nos quitamos los crampones ya que teníamos que descender toda la incómoda pedrera de nuevo, menos mal que la bajada era otra cosa, mucho más rápida aunque a costa de hacer rodar un montón de piedras hacia abajo, por suerte no había nadie más allí y no nos preocupaba. Al encontrar un pequeño arroyo de agua rellené un poco la cantimplora ya que me había quedado sin agua y la que había cogido de la nieve no se acababa de derretir del todo y tenía mucha sed, el día había sido mucho más caluroso de lo esperado y fallamos en la previsión del agua. De hecho a la vuelta la nieve ya estaba bastante pastosa y pesada y nos hundíamos con mucha facilidad, nada que ver con el ascenso cuando la habíamos encontrado perfecta para clavar crampones y subir con facilidad.

Al llegar de nuevo al collado de las Puertas paramos un poco para hidratarnos y descansar un poco, estábamos contentos de haber conseguido nuestro objetivo en el día de hoy, todo había salido perfecto, pero… siempre pasa algo que te acaba de fastidiar los planes…

La sorpresa fue que cuando llegamos de nuevo al punto donde habíamos dejado parte del material para subir más ligeros (siguiendo el consejo de nuestro “amigo”), nos dimos cuenta que faltaban los mosquetones, los tascones y la placa aseguradora de freno, pero en cambio estaba todo lo demás. Por más que miramos alrededor por si el viento lo hubiera desplazado o estuviera en otro sitio, llegamos a la conclusión que nos los habían “chorizado”. Tras mirar y remirar varias veces, nos acabamos dando cuenta que solamente había podido ser el hombre con el que “amablemente” habíamos estado hablando durante la excursión, ya que en todo el día no vimos a nadie más por la zona (donde dejamos el material se venía desde toda la ascensión al pico), nos lo acabó de confirmar que en la bajada no había ninguna otra huella en la nieve que no fueran las nuestras de la subida por la mañana, era imposible que alguien hubiese subido hasta allí solamente para llevarse nuestro material.

Comenzamos a atar cabos y nos dimos cuenta de las intenciones que tenía ese tio cuando nos dio su consejo de dejar parte de nuestro material allí. Nosotros, claro, lo vimos bien y lo dejamos en un punto donde él sabía que estaría a la vuelta, como nos llevaba mucha ventaja tuvo todo el tiempo del mundo para llevarse lo que quiso. Afortunadamente no se llevó nuestros recién estrenados sacos de plumas y que valían una pasta, como él llevaba una mochila pequeña suponemos que optó por llevarse cosas pequeñas (al menos el cabrón tuvo el detalle de dejarnos un solo mosquetón…)

Conclusión: nunca te fíes de nadie, ni siquiera en la montaña. Quién nos iba a decir a nosotros que alguien que en todo momento estuvo amable con nosotros, dándonos consejos y explicaciones, una persona de 57 años, de Monzón según nos dijo, que se venía buena persona y que era un montañero experto y buen conocedor de la zona, se iba a convertir en el ladrón de nuestro material, la decepción fue más por el engaño en sí que por el valor económico de lo que se llevó (que también fastidia, claro). Nunca entenderé que necesidad tenía esa persona, con el perfil que he detallado, de llevarse un material ajeno, es incomprensible…

Como dicen que las malas experiencias te hacen desconfiar, pues es lo que ha conseguido esa “persona” con su actitud, que a partir de ahora no me fie de nadie en la montaña, por muy bien que me caiga, cuando te llevas un palo así, para mí eso del “espíritu montañero” no existe, así que a partir de ahora voy a desconfiar de todo el mundo, y cuando quiera dejar material donde sea, lo haré sin que nadie lo vea y lo esconderé muy bien, con esta decepción ya he tenido bastante L

Proseguimos la bajada mientras seguíamos comentando la putada que nos había hecho este tio, y comenzamos a preocuparnos ya que le habíamos contado también (ingenuos que somos) que la tienda y otras cosas estaban escondidas en Pietramula, y no estaríamos tranquilos hasta llegar abajo, por suerte no le habíamos contando el sitio exacto donde lo habíamos dejado pero no estábamos tranquilos del todo a pesar que estaba todo bien escondido.

Poco a poco fuimos perdiendo altura, la verdad es que la bajada se nos hizo bastante larga, las nubes poco a poco iban cubriendo el cielo aunque no tenía pinta que fuera a llover, y la nieve cada vez estaba más húmeda y blanda. Finalmente, sobre las 16.30 llegamos abajo y respiramos aliviados cuando vimos que las demás cosas estaban todas en su sitio.

Ahora solo nos quedaba caminar los 2 kilómetros de pista hasta llegar de nuevo al coche. Lógicamente el coche del “mangui” ya se había ido y estaba solamente el nuestro. Tras cambiarnos de ropa y guardar todos los cacharros comenzamos a descender de nuevo por la pista hasta llegar a la carretera, todavía teníamos 4 horas de coche por delante hasta llegar de nuevo a casa, y a pesar de la mala experiencia vivida por el robo del material, decidimos no pensar más en ello y decidimos quedarnos solamente con la parte buena de la salida, que había sido conseguir la cumbre del Robiñera.

Eso sí, si alguna vez me cruzo con alguno de vosotros en la montaña, mi saludo siempre estará ahí!!! 



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1 Comentarios
Enviado por Montgròs el Wednesday 14 de March de 2012

“Me he quedado completamente flipado. será cabrón!!!!!

La montaña es muy pequeña y la vida da muchas vueltas. Ojalá os lo volvais a encontrar algún día para que os pase cuentas.

ánimo y felicidades por la ascensión.”


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