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Friday 10 de September de 2010, 18:35:44
LES AGUDES POR LA CRESTA DE CASTELLETS
Tipo de Entrada: RELATO | 2833 visitas

Subida a la segunda cima más alta del Montseny, Les Agudes, siguiendo la cresta de Castellets, posiblemente el itinerario más difícil que se puede hacer en este macizo ya que tendremos que utilizar las manos para progresar por el tramo de rocas, dándonos la sensación de estar en alta montaña en cualquier punto de Pirineo. Yendo con cuidado no tiene excesiva dificultad si bien las personas no habituadas a grimpar pueden encontrarlo complicado, pero es una excursión más que recomendable para hacer en una mañana o una tarde.

Cuando llega un sábado en el que no tienes ningún plan, nada mejor que llamar a tu colega de salidas montañeras y decirle: “vamos a dar un paseo por el Montseny”. Y el otro, claro está, se apunta. Lo malo es que este “paseo” es posiblemente uno de los itinerarios más difíciles que se pueden hacer por el macizo del Montseny: la subida hasta Las Agudas por la cresta de Castellets.

Pues dicho y hecho, como lo tenemos cerca de casa cogemos pocas cosas para la mochila y con el coche nos dirigimos hasta el punto de partida, en el convento del Pla del Espinal, unos pocos kilómetros más arriba de Santa Fe, la idea es hacer un recorrido circular para no tener que volver por el mismo camino. En poco tiempo llegamos al inicio del recorrido y dejamos el coche aparcado al lado de la carretera, preparamos las mochilas y comenzamos a caminar por dicha carretera hacia arriba, este primer tramo va a ser el más aburrido de todos ya que se trata de ir caminando por la carretera durante unos 3,5 kilómetros hasta llegar al parking de Ses Ferreres, donde la dejaremos y comenzaremos a ganar altura por el sendero. El día está algo nublado lo cual agradecemos ya que el sol pica fuerte cuando te da de lleno.

Desde la carretera podemos apreciar todo el perfil de la cresta que hemos de subir y a primera vista se ve bastante vertical, teniendo en cuenta que no llevamos ningún tipo de cuerdas ni nada por el estilo, se trata de subir “a pelo”. En la carretera hay muy poco tráfico por lo que se puede andar sin peligro, y en cuestión de media hora llegamos hasta el punto en el que comenzamos a caminar por sendero y abandonamos la carretera.

La subida en este primer tramo se hace bastante bien, no tiene una pendiente excesiva aunque como veníamos bastante rápido y con buen ritmo de la carretera enseguida nos damos cuenta que subir es otra cosa y tenemos que aflojar si no queremos desfondarnos enseguida. El sendero se ve muy evidente y en todo momento está marcado con pintura de color rojo (se ven restos de la vieja pintura que era de color lila). El camino discurre entre arbustos bajos y bosque de árboles, lo cual nos proporciona sombra en algunos tramos, de momento no se ve la cresta rocosa pero se intuye más adelante a medida que nos acercamos.

Al llegar a un pequeño collado, la vegetación comienza a ser mucho más escasa y el camino se vuelve más rocoso, ahora comienza lo bueno de verdad, la pintura comienza a indicar que para seguir el camino nos van a hacer falta las manos ya que en algunos tramos tendremos que ayudarnos de ellas para poder ir agarrándonos a las rocas, el camino se está volviendo mucho más vertical y hay que agarrarse con todo lo que se pueda, aunque este tramo no reviste ningún tipo de complicación ni hay pasos comprometidos. Volviendo la vista atrás vemos el bosque que hemos atravesado y el dibujo de la carretera más abajo aún, aunque si miramos hacia delante lo que nos encontramos en una enorme pared de roca que hay que subir, la cima de hecho no la veremos hasta estar casi a punto de llegar.

Técnicamente la subida no tiene excesiva dificultad si se está acostumbrado a utilizar las manos en tramos así aunque para personas que no estén habituadas les puede impresionar, y aunque tampoco se trata de ir a lo loco vamos con el cuidado necesario en este tipo de ocasiones, cualquier resbalón o pie mal colocado puede tener fatales consecuencias. El camino continúa subiendo por la roca viva, en ocasiones directamente por encima de la cresta y en ocasiones dando un pequeño rodeo. Tras unos minutos de intensa subida llegamos a la “subida final”, se trata de subir el Gran Castellet (previamente habíamos subido el Petit Castellet, de ahí el nombre de esta cresta). Había leído en reseñas que había una bifurcación, que con color amarillo marcaba la ruta difícil y con color rojo la ruta fácil. Por mucho que miraba no conseguía ver donde estaba la pintura amarilla que marcaba la ruta “chunga” que era por donde quería tirar, Esteban me comentó que bastante más arriba parecía que se veía una marca amarilla. En teoría se trataba de ir justo por encima de la cresta por lo que el camino tenía que ser bastante evidente, así que comenzamos a trepar y efectivamente más adelante encontramos las marcas de pintura amarilla que nos indicaban el camino de la cresta (la pintura roja da un rodeo evitando el tramo más aéreo y se vuelven a juntar ambos caminos arriba del todo).

Aquí la verticalidad se hizo mucho más patente y los tramos eran muchos más expuestos, daba la impresión de estar en alta montaña en el Pirineo ya que esta cresta no tiene nada que envidiar a las que por allí hay. Subíamos con mucha cautela, el vacío que se iba viendo detrás nuestros a medida que íbamos ascendiendo hacía que tuviéramos todos los sentidos alerta, aunque había muy buenos agarres y buenas presas, yendo con cuidado no supone ninguna dificultad extrema aunque si tienes vértigo no es un sitio recomendable precisamente…

Ibamos subiendo primero uno y luego el otro por tramos, era muy fácil que pudiera desprenderse o tirar alguna piedra y como yo iba segundo no me hacía mucha gracia estar debajo y comerme todos los pedruscos que pudieran caer, así que iba dejando una distancia prudente. El viento en algunos momentos era molesto pero eran ráfagas puntuales sin demasiada fuerza, se notaba el hecho de estar justo en la cresta.

Tras superar este tramo, que considero el más difícil de la excursión, encontramos una última subida por la cresta pero con mucho menos desnivel, que tras superarla nos permite ver la cima que ya está justo delante, con la enorme cruz que la corona, unos pasos más y conseguimos llegar a la cima de Les Agudes, la segunda más alta del Montseny y la más espectacular si se accede por esta cresta, el camino se nos ha hecho corto pero al mismo tiempo emocionante, como se trataba de ir a pasar la tarde teníamos el objetivo ya cumplido. Al fondo se veía el Turó de l’Home tapado parcialmente por las nubes. Como íbamos muy bien de tiempo decidimos subirlo también, ya que estábamos allí, siguiendo la cresta que une ambas cimas, así que tras las correspondientes fotos de la cima comenzamos a tirar hacia allá.

Y en este momento fue cuando nos encontramos una “sorpresa”. Escuchamos el balido de una oveja pero no sabíamos de donde provenía ya que no veíamos ningún rebaño por allí. Tras seguir caminando un poco más, nos dimos cuenta que había una oveja muy pequeña medio atrapada en unos arbustos que no paraba de emitir el típico “beeeeeee”. Nos sorprendió mucho verla allí, no había ningún rebaño en la zona ni pastores ni nada, como si se hubiera extraviado quedando sola y atrapada. Esteban quiso ir a comprobar a ver como estaba y lo que hizo fue cogerla en brazos para dejarla en el camino, nos dimos cuenta que estaba recién nacida porque aún tenía restos del cordón umbilical y la piel todavía como mojada, no entendíamos como había podido ir a parar allí estando tan sola, así que optamos por dejarla en el camino y sacarla del atolladero. Nuestra sorpresa fue que cuando comenzamos a caminar de nuevo, la cría de oveja nos comenzó a seguir, al principio pensábamos que por instinto pero a medida que avanzábamos la oveja no dejaba de seguirnos, pensábamos que se cansaría enseguida siendo tan pequeño pero que va, creo que tenía más energía que nosotros!!!

De esta manera tuvimos una compañera de excursión, le quisimos dar agua pero no quería. Nosotros queríamos seguir nuestra ruta y aunque la oveja no se separaba de nosotros, tampoco queríamos agotarla. Pensamos que quizás habría algún guarda en el puesto de acceso de vehículo en la carretera que sube hasta el parking de arriba del Turó de l’Home y que la podríamos dejar allí para que se hicieran cargo de ella, nos daba pena dejarla de nuevo abandonada y sola en la montaña (aunque de hecho es donde viven estos animales) pero siendo tan pequeña parecía muy indefensa. Así que en vez de subir directamente a la cima, dimos un largo rodeo por la carretera, pero nos encontramos con que la caseta ya estaba cerrada y allí no había nadie, así que como segunda opción miramos de ver si había alguien en la caseta que hay en la cima. Comenzamos a subir entre la niebla que invadía la cima con nuestra incansable amiga detrás nuestra, emitiendo balidos en todo momento, beeeee, beeee, beeee, no había manera que se callara!

Tras una subida mucho más larga por toda la vuelta que tuvimos que dar, finalmente llegamos a la cima del Turó de l’Home, punto culminante del macizo del Montseny con sus 1.712 metros de altitud. Desafortunadamente esta caseta también estaba cerrada, ya nos veíamos llevando la oveja a casa… hacía como dos horas que nos estaba siguiendo desde que la encontramos, no entiendo como siendo una cría tan pequeña era capaz de caminar tanto!!!

Este rodeo extra que hicimos nos hizo perder bastante tiempo así que teníamos que comenzar a bajar enseguida. Fue en ese momento cuando la oveja cada vez se iba quedando más atrás, al principio incluso la esperábamos un poco pero viendo que finalmente no venía decidimos seguir bajando, la verdad es que nos quedamos un poco tristes de que se quedara allí, pero seguro que se las apañaría sola, de hecho es su hábitat natural, comida no le iba a faltar. Desde la carretera comenzamos a bajar en dirección a la Font del Briançó, que queda justo por debajo de la cadena que une Les Agudes y el Turó de l’Home, donde aprovechamos para rellenar las cantimploras y descansar un poco, la niebla ya quedaba de nuevo por encima nuestra y teníamos visibilidad de nuevo. El camino de bajada en bastantes tramos era muy brusco, bajaba muy directamente sin casi dar rodeos ni hacer zigzags lo que hacía que las rodillas y las piernas se nos cargaran mucho, el camino transcurre por medio de un bosque muy frondoso, tanto que incluso en algunos tramos parecía que se estaba haciendo de noche de oscuro que quedaba el camino, perdimos altura muy rápidamente hasta llegar a un pequeño riachuelo que cruzamos al otro extremo y que ya que una bajada mucho más suave nos llevó hasta la fuente de Passavets, justo al lado de la carretera que sube desde Santa Fe, ahora ya sólo nos quedaba seguir la carretera de nuevo hacia arriba medio kilómetros aproximadamente hasta llegar de nuevo al coche, donde nos cambiamos de ropa y comenzamos a tirar de nuevo hacia casa, habíamos estado un total de 5 horas pateando aunque lógicamente perdimos mucho tiempo en intentar encontrar a algún guarda o algún forestal que se hubiera podido quedar con la ovejita, durante el camino de vuelta nos preguntábamos que estaría haciendo en ese momento allí arriba sola en la montaña, la verdad es que le habíamos cogido un poco de cariño ya que había estado como casi 2 horas todo el rato detrás nuestro siguiéndonos, supongo que como agradecimiento por haberla sacado de los matorrales donde estaba atrapada, quien sabe, igual otro día nos la volvemos a encontrar de nuevo en alguna de nuestras próximas salidas…

Si queréis realizar una salida corta y emocionante por el Montseny sin duda recomendaría ésta de la cresta de Castellets, siempre teniendo en cuenta el grado de dificultad que pueda tener para algunas personas, pero seguro que se acabará disfrutando por las sensaciones que ofrece.



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